Me han invitado a comer
¿qué VINO llevo?
"Los vinos que mejor se recuerdan no son necesariamente los mejores
que se hayan probado. La calidad excelsa puede no gozarse tanto como aquella
botella más humilde, bebida en circunstancias especiales". H. Warrenn
Alien.
Una cena, una comida o un pica pica. No sabe muy bien
que platos se degustarán, ¿pero quiere llevar un vino acorde con
la ocasión? He ahí el quebradero de cabeza: blanco, tinto, rosado,
joven, semi-crianza, crianza, reserva, de qué variedad, denominación
o bodega... Decenas y decenas de estanterías repletas de botellas se
suceden ante sus ojos y no sabe ni siquiera por dónde empezar. ¿Sólo
ante el peligro? Sin duda, pero no se preocupe porque para cada momento hay
un vino: incluso para en los que es casi imposible acertar. (Fuente: Vinos
y restaurantes).
En ocasiones una invitación supone
de antemano el conocimiento del menú que se va a degustar, pero la mayoría
de veces es una verdadera sorpresa que sólo se desvela a medida que el
paladar disfruta del yantar. Dedicado a aquellos que han de asistir a compromisos
en los que es difícil averiguar el menú de la comida, a los tímidos
que se resisten a preguntar qué van a comer y a los que poco o nada saben
de vinos va dirigido este artículo, pensado para enfrentarse a estas
situaciones y salir airoso de ellas.
Primeros pasos
Cuando Pedro García, agente inmobiliario, fue invitado a cenar a casa
de los Pérez, sus jefes, un pensamiento invadió su mente "Dios
mío, y ahora ¿qué vino llevo?" Sus conocimientos sobre
vinos eran escasos y le parecía una falta de respeto preguntar acerca
de los platos que se servirían en la mesa. Lo mismo le ocurrió
al joven empresario Martín Crespo, cuando unos amigos le pidieron que
fuese a visitarlos a la nueva casa y se quedara a comer. Como, evidentemente,
no podía llevar decenas de botellas entre las que elegir in situ decidió
que en el último momento ya buscaría un lugar abierto donde conseguir
algún vino. Llegado el día, sólo encontró un pequeño
local en el que adquirió la primera botella que apareció ante
sus ojos. Solo con ver las caras que pusieron sus anfitriones al recibir el
vino e intentar "maridarlo" con el cuidado menú que se habían
esmerado en preparar, Martín supo que su rápida elección
no había sido un gran acierto. Por ello, las prisas siempre son malas
consejeras, así que antes de salir a la búsqueda desesperada y
de última hora de cualquier vino para salir del paso, haga la
compra con tiempo y días de antelación.
Antes de salir de casa tenga presente algunos aspectos que le pueden orientar
en su adquisición: cuánto dinero pretende gastar, qué gustos
tienen los anfitriones y sobre todo recuerde si alguna vez han hecho un comentario
sobre algún vino. Esta reflexión es importante porque más
allá de la comida que se sirva, lo interesante es que el destinatario
aprecie el detalle y se sienta halagado con la selección. Y si al menos,
ese día, se le han adelantado y el avituallamiento vinícola ya
está resuelto, que las personas que lo han invitado puedan guardar su
obsequio enológico en su particular bodega y no con los productos de
limpieza. No es fácil escoger un buen vino, pero una excelente manera
de empezar sobre todo si el desconocimiento se impone es dirigirse a una tienda
especializada con personal profesional. De esta forma nos pueden informar sobre
tendencias, marcas y opciones capaces de hacernos quedar muy bien. Manel Fontanet,
neófito en el sector, optó por esta alternativa. Los padres de
su mujer habían propuesto celebrar su ascenso con una magnífica
comida y él, a sabiendas de que el suegro era un gran conocedor de vinos,
no quería defraudarlos. "Me dirigí a una vinoteca y allí
me asesoraron sobre qué podría llevar. Me atendieron estupendamente
y me facilitaron información sobre los tipos de vinos que me podrían
encajar. Para mí fue la opción más sencilla y acertada".
Una de las salidas más utilizada cuando no se tiene conocimiento es optar
por los precios: ni el más caro ni el más barato. El rango intermedio
parece una opción razonable sobre todo por aquello de la calidad-precio.
Algunas personas se acercan a los vinos más caros, identifican en la
etiqueta la bodega y a partir de allí buscan una gama de vinos de la
misma firma pero más económica. De todas formas debe tener presente
que el precio es un asunto relativo y que un vino muy caro no es sinónimo
inmediato de calidad y viceversa, un vino más económico puede
sorprender por su potencial. Si tiene referencias o sabe de algún vino,
bodega o zona vinícola predilectos de los anfitriones o de los comensales
que van a asistir también puede decantarse por este camino.
El éxito será seguro y quedará como una persona detallista.
Cuando compre el vino imagine cómo y con quién lo degustará
y a partir de ahí, podrá pensar en la botella más adecuada.
En los casos en los que no se conoce demasiado bien a los anfitriones, siempre
nos quedará un as en la manga por sacar: una pequeña guía
de consulta con los mejores vinos del año.
La información puede ser muy válida para orientarse en la compra
y sorprender con un vino novedoso, diferente y poco conocido. La estación
del año le puede indicar qué vino llevar. En verano la apuesta
segura puede ser un blanco afrutado, un rosado o un refrescante espumoso. En
invierno un tinto robusto nunca queda mal y si opta por ser original y levar
un blanco que sea con carácter. Si es un pica pica un tinto joven, semicrianza
o crianza casi siempre le dejarán bien, si sabe que será una comida
puede pensar en un vino para el aperitivo, el plato principal o el postre. Para
este último se puede optar por uno con un toque dulce y al igual que
en el aperitivo
resultará un acierto casi seguro llevar un cava o un champagne. Para
abrir boca, tomar vino en el aperitivo estimula las secreciones gástricas
y prepara el paladar para el manjar posterior. Se bebe en pequeñas cantidades
y usualmente poco. Un blanco ligero o seco, un jerez, un espumoso no milessime
como decíamos antes o un tinto afrutado y joven pueden hacer la labor.
Para el plato principal uno se puede decantar por un tinto intermedio de tal
forma que si es pescado pueda combinar correctamente y si es carne pueda maridar
a la perfección. Obviamente si sabe de antemano que la comida va a ser
contundente opté por un reserva o gran reserva tal y como hizo Helena
Teroll, una reputada ingeniera, que decidió dejarse llevar por los tradicionales
consejos que habitualmen-te ofrecen los expertos. Para los postres son muy indicados
los vinos dulces o generosos. Moscateles, olorosos dulces, creams, pedro ximénez
u oportos le resolverán la papeleta. Aunque también, como comentábamos
anteriormente, los espumosos. Otros criterios que también se aplican
a la hora de comprar un vino son por los diferentes tipos de productores, las
añadas y los tipos de puntos de venta. En todo caso que el sentido común
se imponga, su gusto y opinión personal como consumidor debe prevalecer
aunque si opta por la ayuda de expertos, libros o publicaciones puede asegurarse
el éxito.
Situaciones
peliagudas
Aunque el protocolo explica que el anfitrión debe abrir la botella que
el invitado ha traído, existen veces en las que resulta difícil
llevarlo a cabo. Ya sea porque el maridaje entre el vino y el menú preparado
acabaría en divorcio nada más empezar el primer plato o porque
la temperatura del elaborado no se adapta a lo que los cánones aconsejan,
la cuestión es que si observa que el anfitrión coge discretamente
la botella en sus manos y mientras le sonríe la guarda como una más
en su colección, no se aflija, como diría aquel: las reglas están
para romperlas y ésta no es una excepción. Antes de que el vino
estropee un exquisito menú, ya sea por su temperatura o su poca relación,
es mejor que el protocolo se guarde en un rincón del cajón de
la cómoda y se proceda a que el anfitrión saque la botella que
ya tenía pensada para la cena. Esto mismo es lo que nos cuenta Sandra
Guerrero, una entusiasta de los vinos, "yo había invitado a unos
amigos para que probaran las últimas rarezas gastronómicas que
había conseguido traer de uno de mis viajes. Junto a ellas también
había traído una bebida muy especial con la que tras varias pruebas
en casa decidí maridar con el menú. Cuando uno de mis amigos trajo
vino, lo único que pude hacer fue agradecerle el detalle ya que mi idea
era recrear una de las cenas a las que había asistido en un poblado africano.
Evidentemente no podía incluir su vino en el menú ya que hubiera
dado al traste con la riqueza de sabores y aromas que yo deseaba que mis amigos
probaran". Otro caso, aunque más mundano, le sucedió a Juan
Lopera, conocido por su gran olfato para los vinos, cuando observó con
disimulada angustia el tipo de tinto con el que le obsequiaba uno de sus invitados:
"la única explicación que le vi al detalle es que el tipo
no tenía ni idea de lo que me estaba trayendo. Sentí mucho no
servirlo en mesa pero si lo hubiera hecho seguramente el resto de comensales
hubieran pensado que era el aliño para la ensalada. Aquel vino lo habíamos
probado mi mujer y yo en otra ocasión y no cumplía con nuestras
expectativas de calidad, eso sí, le agradecimos el detalle." Si
aún así está empeñado en que sea su vino y sólo
su vino el que se cate durante el ágape, otro de los recursos es utilizar
una de estas bolsas térmicas de diseño, tan de moda últimamente,
que pueden transportar y mantener k temperatura adecuada de su vino. De este
modo la excusa de sus grados centígrados no será justificación
para que usted no lo vea en la mesa.

Otra cuestión que habría que resolver sería la del número
de botellas. Si a usted se le ha pasado por la cabeza que con una es suficiente
ya puede borrarlo de su mente, ya que lo mínimo para quedar bien, si
es que no quiere pasar por un maleducado, son dos. También es quizá,
ocasión, ¿por qué no? de llevar botellas tipo Magnum. Otro
dato a tener en cuenta es el número de comensales que asisten al compromiso.
Como en la mayoría de las situaciones, en este caso, la moderación
se impone como lo más elegante. Ni una boteEa ni veinte, el justo equilibrio,
el sentido común y la coherencia deben ser los factores que guien su
comportamiento.
Y por último hacer hincapié de nuevo en el precio. Si no sabe
qué va a comer al menos intente averiguar el tipo de evento gastronómico
al que acude y que así no le ocurra como a Lores López, una abogada
con gusto exquisito, que tras ser invitada a cenar en casa de unos amigos también
muy exquisitos, decidió para quedar bien llevar un vino gran reserva
de alta gama "los dejaré boquiabiertos" pensó, pero
quien finalmente quedó sorprendida fue ella ya que al llegar al lugar,
sus amigos habían preparado, aprovechando la terraza, la calidez de la
temperatura y lo informal del asunto, un pica pica.
TRUCOS Y REGLAS DE TODA LA VIDA
- Elija su compra tranquilamente, recorra la
oferta y descubrirá atractivos y novedosos vinos. Consulte con
los encargados del establecimiento cualquier duda y lea detenidamente
las etiquetas: nos dicen casi todo de los vinos, de tal forma que nos
pueden revelar el tipo de vino, bodega, lugar de elaboración,
año de la cosecha, variedades o grado de alcohol. Incluso muchas
veces la contraetiqueta proporciona las principales características
organolépticas y sugerencias de posibles maridajes. Todos estos
aspectos le permitirán hacerse una idea más concreta del
vino y su calidad.
- Por lo general, se aconseja comprar botellas que tengan más
de dos años y menos de cinco, ya que tienen el tiempo adecuado
de maduración.
- Con un vino tinto casi todo está permitido. Un vino rosado
está destinado a un estilo de comida mediterráneo y muy
ligero. Vino blanco mejor para el pescado, el marisco o las aves.
- El clásico maridaje de los blancos con los pescados tiene su
razón de ser. Un tinto tánico puede dar al pescado y al
marisco un gusto metálico. Por su parte la caza o los platos
fuertes aniquilan la mayoría de los vinos blancos.
- La graduación alcohólica y la concentración aromática
de un vino deben acompañar al sabor de un plato. Para los delicados,
vinos sutiles y para alimentos fuertes vinos más potentes.
- El maridaje se puede realizar por armonía o por contraste de
aromas entre el vino y la comida.
- El cava siempre es una buena elección ya que se puede consumir
a cualquier hora.
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