Los Vinos de Colección.
Un
vino de colección... ¿nace o se hace? Esta sería la primera pregunta que puede
hacerse cualquier aficionado al vino. Y la respuesta no es nada fácil, porque
unos nacen y, evidentemente, otros se hacen en las bodegas particulares de
algunos aficionados e incluso unos pocos se consagran en las propias bodegas
elaboradoras. (Fuente: Revista vinos y restaurantes).
Sin embargo, sea de una forma u otra, y para entender el mundo del
coleccionismo vinícola, el denominador común de los auténticos vinos de
colección es siempre la limitada producción, -la cual va ligada a la excelencia
de una cosecha-, al origen de una zona consagrada en vinos de alta calidad y
renombre mundial, al caché, a la proyección que ostenta una determinada bodega,
y, sobre todo, a que el vino posea una cotización "fuera de mercado". Así pues,
ante estas premisas, el aficionado entenderá que algunos de los vinos que guarda
en su bodega desde hace años, nunca se considerarán auténticos vinos de
colección. Entre otras cosas, porque una de esas botellas no ostentará nunca una
alta cotización enológica, y, además, un vino de colección no tiene porque ser
necesariamente un vino viejo o con muchos años de guarda. Hay que tener en
cuenta que prácticamente el 98% del vino que se elabora en el mundo está
diseñado para un consumo inmediato o, como mucho, a medio plazo, y el objeto de
interés para inversores y coleccionistas es muy restringido.
La
historia del coleccionismo vinícola. Revisando la historia vinícola
se puede pensar que la cotización enológica de los vinos se remonta a mediados
del siglo XVIII, cuando ciertos vinos de Burdeos alcanzaron algunos precios
astronómicos. Por ese motivo, a partir de 1855 se estableció la famosa
clasificación de los crus franceses. De esta reglamentación y de otras
consideraciones enológicas empezaron a surgir vinos procedentes de cosechas
excelentes que pasaron a valorarse en base a ciertos criterios como la escasez,
la anécdota, la leyenda y el mito, por lo que la posesión y la guarda de
determinadas botellas de vino se convirtieron en inversiones muy rentables a
largo plazo. En consecuencia se constituyó la Bolsa del Vino de Burdeos, y su
auge se disparó cuando algunos de sus vinos empezaron a formar parte de las
salas de subastas más famosas, como Sotheby's, Christie's o Zachys de Nueva
York.
Los más valorados. En líneas generales, los países
productores de la denominada Vieja Europa son los más ricos en la cultura del
vino y es donde este tipo de coleccionismo tiene más seguidores. Aquí se
celebran las subastas más famosas y se llevan a cabo la mayoría de las
tasaciones de los vinos sometidos a cotizaciones fuera de mercado. Es
evidente que el mundo del vino se mueve a una velocidad de vértigo, pero en
cuestión de coleccionismo puede hablarse todavía de que las piezas más cotizadas
y buscadas son los Grandes Crus franceses de la talla de los bordeleses Petrus,
Margaux, Latour, Yquem o el borgoñón Romanée-Conti, por ejemplo. En España no
son habituales las subastas de vinos, pero los españoles son una constante en
las subastas de internacionales, sobre todo riojas, riberas del Duero, viejas
añadas de Jerez y, más recientemente, el Priorato, aunque el más decano de
nuestro país ha sido desde siempre el Vega Sicilia. Una de las cotizaciones más
altas que ostenta esta mítica bodega de Ribera del Duero fueron los 100.000
dólares que alcanzó el lote de dos botellas doble mágnum de Vega Sicilia Único
de las cosechas 1987 y 1989 en una subasta benéfica realizada en Florida. Sin
embargo, el vino más caro de la historia fue una botella de Cháteau Lafite de
1787, que alcanzó en una subasta en Christie's, en diciembre de 1985, los
160.000 dólares, y era un vino que procedía de la bodega de Thomas Jefferson, el
cual llevaba sus iniciales grabadas. Y puestos ya en cifras, tampoco hay que
olvidar la nada despreciable cotización de 90.000 dólares que obtuvo la botella
de Cháteau d'Yquem de 1787 que se llevó un coleccionista privado norteamericano,
y puede considerarse la segunda botella de vino más cara de la historia. Sin
embargo, en las subastas se puede incluir una botella, varias del mismo vino o
lotes, y éstos últimos también pueden alcanzar precios astronómicos. Por
ejemplo, en Sotheby's, en 1997, el lote de la Colección Andrew Lloyd Webber,
compuesto por 265 botellas, donde se encontraban un imperial, tres dobles
mágnums, 2 jeroboams y 77 mágnums, se vendió por 396.920 dólares. Otra subasta
histórica fue la de 1999 sobre el lote Millennium, con botellas de Cháteau Haut-
Brion 1989, Petrus 1990 y Mon-trachet 1992, por el que se pagaron 288.500
dólares. También en 1999, un lote de 8 botellas imperiales, compuestas por
Cháteau Lafite, Cháteau Latour, Cháteau Margaux, Cháteau Mouton Rothschild,
Cháteau Haut-Brion, Petrus, Cháteau Cheval Blanc y Cháteau Ausone, se vendieron
por 85.000 dólares, y más recientemente, en 2001, un lote de 12 botellas de
Cháteau Latour de 1962 alcanzó los 89.400 dólares. Y en cuanto al otro mito, el
Romanée-Conti, una caja de 6 botellas rnágnum de la cosecha 1985 se vendió en
Christie's a 170.375 dólares.
¿Quién pone el precio a Los
vinos?. Quién no se ha preguntado nunca... ¿qué hacer con las 25
botellas heredadas del abuelo? ¿cuánto me darían por ellas? La respuesta es
clara: el precio que un postor esté dispuesto a pagar por él. Otra cosa es el
valor sentimental. Y otra es el valor personal que uno quiera darle a su vino
viejo. Pero nada tienen que ver con el auténtico valor enológico. No obstante,
si cree que el vino cumple todos los parámetros de un auténtico vino de
colección, como puede ser una o varias Vega Sicilia Único de 1966, lo mejor y
más directo es contactar con una casa de subastas, la cual le entregará
información sobre la denominada Tasación Profesional de Vinos, y con ello podrá
establecer de forma bastante precisa un precio mínimo de
salida.
Algunos consejos para iniciarse en el
coleccionismo. Es evidente que ante las cifras que mueven los vinos
de colección en los mercados internacionales, parece que para llegar a ser un
verdadero coleccionista de vinos se debe ser millonario. Sin embargo, a ningún
aficionado se le puede prohibir coleccionar vinos en su bodega particular. Su
valor puede ser sentimental, y, como poco, alimentará su ego personal como
aficionado al mundo del vino. En primer lugar necesitará unos recursos mínimos
para empezar y también un lugar con unas condiciones adecuadas para la
conservación del vino. Lo más fácil para un aficionado medio que quiera
coíeccionar vinos de una forma relativamente modesta, es empezar por seleccionar
entre sus vinos favoritos aquellos de mayor calidad, procedentes de una buena
añada, y con mayor capacidad de guarda, por lo menos entre 15 y 30 años. Para
ello puede adquirir añadas que estén presentes en el mercado y poco a poco
incrementar su bodega con algunos vinos extranjeros seleccionados. Como valores
nacionales más "seguros" están los Vega Sicilia Único y también algunos riojas
históricos como Riscal, Murrieta, Tondonia, etc. con presencia en subastas
internacionales. También en nuestro país hay otros vinos de alto precio en
añadas de mercado, como L'Ermita, Pingus, Viña El Pisón, Termanthia, Contador, k
Viña de Andrés Romeo, etc. pero como ocurre en bolsa, la volatilidad se
incrementa en los valores de riesgo, y es posible que el precio alto que pagamos
ahora por él, empiece a desinflarse paulatinamente con dos años. Por ejemplo,
recuerdo que en España, la bodega Señorío de Villarica lanzó al mercado 870
botellas de su tinto Selección Familiar 2001, que se vendía a 1.000 euros la
botella, por lo que fue calificado corno el vino español más caro, aunque por
suerte el tema quedó como una pura anécdota. En definitiva, estos vinos son
inversiones de "riesgo"; donde también se encuentran los llamados nuevos "vinos
de culto" californianos, como Araujo, Harían State, Screaming Tagle, etc. que
buscan su propio mito, y algunos vinos italianos de nuevo cuño como el
Sassicaia, Tignanello, Soíaia, Ornellaia, etc. Y entre los internacionales
podemos inclinarnos por alguno de los mejores tintos del Ródano francés, los
mejores champañas milesimados, oportos vintage, madeiras, algunos blancos
alemanes y alsacianos, así como los cabernets clásicos californianos corno el
Opus One, Caymus, Ridge Montebello, Stag's Leap, etc. y los mejores syrahs
australianos como Hill of Grace y el Grange de Penfolds, sin olvidar algunos
italianos como los clásicos barolos y brunellos di montalcino. Es conveniente
adquirir botellas de vino en formatos grandes, como mágnum y doble mágnum, así
asegurará una evolución más lenta del vino y, al mismo tiempo, su cotización
será siempre más alta ya que las bodegas elaborarán cantidades muy limitadas en
estos formatos.
Debe tener en cuenta que la conservación intacta de la
etiqueta es fundamental, y que el año de la cosecha es uno de los datos más
importantes, así como el número de la botella sí lo hubiera y del lote al que
perteneció. El bajo nivel de liquido por pérdidas o por evaporación es un factor
perjudicial al valor del vino, pero la presencia de sedimentos cristalinos y de
materia colorante depositada por efecto del tiempo, son siempre un indicativo
del estado de conservación del vino y la evolución del mismo. Y por último, si
alguna vez decide descorchar una botella con medio siglo, tenga en cuenta que
deberá añadir un alto grado de comprensión y humildad al vino, corno si de un
superviviente en el tiempo se tratara, y rendir homenaje a esas bodegas
elaboradoras que mantuvieron y mantienen muy alto el pabellón de la
calidad.
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