Actualidades científicas

Son numerosos los estudios científicos que se vienen realizando con el alcohol y más concretamente el vino como protagonista. El movimiento investigador en torno a este producto, considerado como uno de los pilares de la llamada Dieta Mediterranea junto con el aceite de oliva, está sacando a la luz una serie de componentes beneficiosos para el organismo humano que aconsejan su consumo moderado, incluso como terapia medicinal.

Para el consumidor medio, profano por lo general en materias científicas, resulta altamente atractiva la idea de fundamentar el consumo de vino en bases que escapan del simple gusto del disfrute y deleite de un producto natural que la madre naturaleza ha puesto a nuestro alcance desde el nacimiento de la especie.

Resulta imprescindible el apoyo de los organismos internacionales, cuya preocupación por el tema se une a una oportuna difusión de los resultados, para el general conocimiento de la marcha de los estudios que se vienen publicando en revistas altamente especializadas.

Tal es el caso de la O.I.V.(Oficina Internacional de la Viña y el Vino) cuyo Director General, George Dutruc-Rosset, informa con puntualidad sobre los últimos estudios y los avances de la comisión de vino y salud de dicho organismo intergubernamental. Una de sus preocupaciones consiste en la creación de una política de información y educación en cuanto a la salud pública con el objeto de orientar el comportamiento de los consumidores hacia la ingesta moderada y regular de bebidas alcohólicas, lo que puede ser bueno para el corazón en oposición a la misma cantidad consumida irregularmente, en episodio de embriaguez, que produciría los efectos contrarios.

Estas afirmaciones se basan en los recientes estudios del Profesor McKee de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, publicado en el Journal of Royal Society of Medicine, que ha analizado las diferencias observadas entre los paises de la Europa del Oeste y los de la Europa del Este, relativas a los efectos del consumo de bebidas alcohólicas.

El Profesor McKee subraya que existen importantes divergencias entre los modos de consumo y que estos pueden entrañar efectos biológicos totalmente diferentes.

En resumen y como conclusión se expone como el consumo moderado y regular de vino modifica favorablemente el perfil lipídico de la sangre y su sistema de coagulación, reduciendo el riesgo de trombosis. Así mismo, la misma cantidad de vino consumida de forma irregular y sobre todo durante episodio de embriaguez, aumenta el riesgo de mortalidad cardiovascular, produciendose además un desarrollo importante de arritmias cardiacas.

Con estos datos a la vista, se evidencia la importancia de los modos de consumo y la importancia del establecimiento de políticas de salud a nivel internacional.