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Miguel Mateu Pla fue una personalidad singular. Nació en 1898 en Barcelona, hijo de Damián Mateu. Su padre, cofundador de los automóviles Hispano Suiza, le inició en el mundo empresarial. Don Miguel desarrolló además una vocación política que le llevaría a ser Alcalde de Barcelona y Embajador de España en París. Estas actividades le hicieron coincidir con innumerables personajes públicos de talla internacional, tanto de la esfera política como cultural.
Precisamente en el mundo del arte y la cultura destacó de forma extraordinaria, por su admirable sensibilidad hacia las manifestaciones artísticas de más diversa índole, siendo desde muy joven uno de los mayores colecciones de su tiempo. En 1923 compró el conjunto monumental de Castillo Perelada, compuesto por el impresionante castillo que había pertenecido a los condes de Peralada, además de un antiguo convento carmelita anexo. A partir de ese momento, Don Miguel hizo de Peralada su particular centro de arte, reuniendo allí sus colecciones de vidrio, pintura, cerámica, etc, y componiendo con los años el Museo del Castillo, que hoy abre sus puertas al público.
Fue en ese pequeño pueblo ampurdanés donde Don Miguel descubrió y se apasionó por el mundo del vino, y donde decidió fundar la bodega actual, recuperando una tradición secular de elaboración de vino que se remontaba al siglo XIV. En 1941 Don Miguel asumió la presidencia de La Caixa. Con los años, su yerno, Arturo Suqué, fue tomando el relevo en el negocio familiar. Murió en 1972, y su legado, tanto patrimonial como sobre todo humano, sigue vivo en las personas que le conocieron.
Gran Claustro
Cuando el Presidente Eisenhower de los Estados Unidos visitó España, Miguel Mateu, conocido por el cuidado que dedicaba a sus reservas, recibió el encargo de seleccionar un cava para el banquete de recepción. Don Miguel eligió una pequeña reserva propia, que tuvo un rotundo éxito. A raíz de ello, y coincidiendo con que la cosecha de 1959 en el Empordà fue muy prometedora, Arturo Suqué creyó que había llegado el momento de tratar de obtener un cava que tuviese el nivel de los vinos de Champagne. La cosecha evolucionó bajo los mejores auspicios y el afán de Don Arturo por lograr el mejor cava de gran reserva se concretó. En 1965, suegro, Don Miguel, y yerno, Don Arturo, decidieron lanzar ya al mercado un número limitadísimo de botellas, impuesto por el método de producción totalmente artesanal utilizado.
Este método artesanal, indispensable para el cuidado que un cava de estas características necesita, sigue intacto hoy. Su elaboración se lleva a cabo, tal como se ha hecho desde siempre, en las bodegas del Convent del Carme, situadas al lado mismo del Castillo de Peralada, en las que los monjes carmelitas criaban vino hace más de seis siglos, y que dan a este cava un aire de nobleza que bien se merece. Un aire de nobleza que queda reflejado en su nombre: el Gran Claustro.
Por su parte, el Gran Claustro Tinto, cuya primera cosecha de producción fue la de 1993, se ha consolidado entre los grandes vinos de España. Se trata de un vino elaborado sólo en las mejores añadas a partir de uvas seleccionadas de los mejores viñedos de nuestra propiedad, recogidas siempre a mano en su madurez óptima.
VARIEDADES: Cabernet, Sauvignon, Merlot, Cariñena y Garnacha.
CRIANZA: 18 meses en barricas de roble francés “Allier”, resto en botella.
Este vino es un exponente de lo mejor del Empordà. Sus paisajes, el aroma de sus campos, esa Tramontana que marca el carácter de sus gentes… Con el Gran Claustro hemos pretendido unir las mejores sensaciones de tan bella comarca, confirmando el viejo dicho de que “el vino de un país es su paisaje concentrado en una copa”.
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