La Mancha. ¿El gigante dormido?
Esta enorme región vinícola, comparada al
igual que China con un dragón dormido, quizás debería
mirar más hacia Australia y convertirse en fuente
inagotable de vinos sólidos, fiables y asequibles
destinados a conquistar los mercados internacionales. De
hecho, hay una gran revolución en marcha que ha sacado a
la luz marcas y bodegas nuevas con propuestas modernas e
interesantes; un conjunto que, sin embargo, apenas
representa la punta de un gigantesco iceberg de vino.
La Mancha es una enorme
y llana comarca natural que abarca una parte importante
de las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca y
Albacete. Pero, vinícolamente hablando, es un mar de
cepas, el mayor viñedo del mundo con casi medio millón
de hectáreas, de las que “sólo” 190.000 están acogidas a
la Denominación de Origen La Mancha.
Siguiendo la comparación con las antípodas, el
Australian Bureau of Statistics en su último informe de
2003/04 habla de 150.561 hectáreas productivas y algo
más de 13.500 que pasarán a serlo en los próximos años
en todo el país, una extensión que queda aún por debajo
de nuestra DO más extensa.
La tesis está clara. Si un país tórrido como
Australia ha sido capaz, apoyándose en la tecnología y
sobre todo en las nuevas técnicas de viticultura, de
crear tintos poderosos y frutales con el sello del
carácter mediterráneo que triunfan en todo el mundo,
¿qué no podría hacer La Mancha con una superficie de
viñedo aún mayor y el sol asegurado prácticamente todas
las vendimias?
Richard Smart, el gurú de la viticultura más famoso
del mundo que ha contribuido a enunciar y desarrollar
muchas de las prácticas responsables del éxito
australiano (y que siendo muy pragmáticos podríamos
resumir en cómo producir la máxima cantidad de uvas sin
perder carácter y calidad), cada vez viene más a España,
ya sea como asesor o a impartir conferencias. Un
enamorado de la tempranillo, siempre compara La
Mancha con Australia e insiste en el enorme potencia de
la zona.
De hecho, en una conferencia que pronunció hace unos
años frente a viticultores y elaboradores de la zona
dijo: “En un futuro no muy lejano, quiero ver a La
Mancha como el lugar donde se produce el mejor vino del
mundo de un tipo de uva. Así como California tiene la
zinfandel y Australia la shiraz,
quiero que La Mancha consiga la máxima expresión de una
variedad”.
Puestos a conseguir ese objetivo, quien tiene más
papeletas para triunfar es la cencibel, el
nombre local para nuestra internacional
tempranillo que aún no goza de la popularidad
que debiera en los mercados internacionales. Quizás
porque los mejores tintos que con ella se elaboran en
España son más conocidos por sus lugares de procedencia:
Rioja y Ribera del Duero. Pero eso, lejos de perjudicar
a los tempranillos manchegos, les da una oportunidad
para trabajar en la línea propuesta por Smart.
Sin embargo, hay
ingentes cantidades de trabajo por hacer. Si los
australianos han construido y desarrollado su industria
vinícola –y su viñedo- fundamentalmente en los últimos
20 años, y en muchos casos partiendo de cero, La Mancha
debe hacer frente a una realidad heredada cuya
transformación es inevitablemente más lenta y costosa.
Mil y un
retos Desde luego que si la
tempranillo debe convertirse en la mejor
embajadora de la zona, tendrá que incrementar su
presencia en un viñedo en el que actualmente representa
poco más del 15%. ¿Y a costa de quién? Naturalmente de
la blanca airén que aunque goza de una
excelente demanda para elaborar los vinos base para la
destilación de los brandies jerezanos, aún representa
más del 50% de la superficie total de la región. Y ello
pese a la importante reconversión varietal que se está
acometiendo en los últimos años.
Las limitaciones cualitativas de la airén,
que participaba tradicionalmente en la elaboración de
unos tintos de color amable y abierto, están claras
desde hace tiempo, pese a que haya quien se empeñe en
organizar concursos monográficos sobre los blancos con
ella elaborados. Con su escasa dimensión frutal y
limitada expresividad poco tienen que hacer en un
mercado internacional con competidores tan duros como
las chardonnay, sauvignon blanc, las
uvas blancas del Ródano, la chenin blanc
surafricana o sus compatriotas nacionales
albariño y verdejo.
Otro lastre para una rápida transformación (o que, al
menos, emule ligeramente la de los australianos) es el
alto peso específico de los graneles y la arraigada
tradición cooperativista de la zona, fuertemente
arraigada desde los años cuarenta. De hecho, el tipo de
bodega que aún más prolifera –y que, inevitablemente, se
hace notar a primera vista- se corresponde con esos
gigantescos tanques de acero inoxidable y edificios de
corte industrial.
Sin embargo, esto tampoco debería ser un problema.
Sólo hay que echar un vistazo a algunas colosales
bodegas australianas e incluso no estaría mal seguir el
ejemplo de la tan nombrada últimamente Casella Wines,
autora del archifamoso caso de marketing de éxito Yellow
Tail o cómo pasar de elaborar graneles a vender 240
millones de botellas en apenas cinco años. Si alguna
ventaja tiene el pasado granelista es la ausencia de
marcas; un terreno en el que, como hizo el “canguro de
cola amarilla”, se puede empezar perfectamente desde
cero en el diseño y concepción de productos
específicamente orientados a los mercados
internacionales.
Volviendo al viñedo, el
paisaje que más se repite en la zona es el de las
tradicionales plantaciones en vaso, con baja densidad de
cepas por hectárea e inevitable en una zona calurosa y
de baja pluviometría como ésta. Sí es cierto que la
mayoría de nuevas plantaciones adoptan la conducción en
espaldera que al ir acompañada de un sistema de riego,
permite una gestión más eficiente de la viña, además de
facilitar la mecanización de las tareas, en especial la
de la vendimia. Es un elemento fundamental para
rentabilizar grandes explotaciones de viña. Y aquí entra
en juego la filosofía vitícola del Nuevo Mundo en lo que
respecta a las espalderas o sistemas de conducción más
adecuados, sistemas de riego, exposición solar de los
racimos... en la que los australianos han despuntado de
manera especial.
Buscando la
calidad Al igual que ha ocurrido en
casi todas las zonas vinícolas españolas, los vinos
manchegos han experimentado una transformación radical
en los últimos 10 años. De unos productos sencillos y
más bien modestos salvo contadas excepciones se ha
pasado a elaborar tintos sabrosos, frutales y, en la
mayoría de los casos, de excelente relación
calidad-precio.
Si tuviéramos que buscar pioneros, habría que citar a
personajes que han trabajado en la “periferia” de la
zona buscando hacer su propio vino más allá de moldes,
etiquetas o reglamentaciones y siempre con aspiraciones
de alta calidad. El primero fue Carlos Falcó, en su
finca toledana de Dominio de Valdepusa. Le siguió Dehesa
del Carrizal en Ciudad Real, en los llamado “Montes de
Toledo” (1987), Manuel Manzaneque (1993) y Sánchez
Muliterno (1993) en Albacete, y Uribes Madero (1995) en
Cuenca. Hoy todos tienen una marca de prestigio y
nombres propios (y los precios, casi siempre, son
acordes con ello), pero además los tres primeros cuentan
ya con denominaciones de origen propias gracias a la
nueva Ley del Vino que permite acceder a este estatus a
aquellos “vinos de pago” que reúnan una serie de
requisitos establecidos en la normativa.
Todas estas bodegas tuvieron un peso específico
importante a la hora de dar forma a una legislación más
permisiva. Así, hace unos años, la Comunidad de Castilla
La Mancha, competente en materia de agricultura, creó el
gran paraguas de Vino de la Tierra de Castilla, que
acabó convirtiéndose en un refugio de calidad y
modernidad frente a la, para algunos, desgastada imagen
de la DO La Mancha.
Hoy hay una Mancha de tintos de calidad y a buenos
precios que, en ocasiones, opta por el respaldo de la
denominación de origen, pero que también se decanta por
la opción de vinos de la tierra. Y lo más sorprendente
es que la mayoría de firmas que triunfan apenas tienen
cuatro años de vida (comprueben las fechas de fundación
que figuran entre paréntesis en la guía de bodegas que
figura al final del artículo).
La posibilidad de emplear nuevas técnicas vitícolas,
los precios asequibles y la inagotable oferta de uva han
atraído hasta la zona a los grandes grupos españoles,
deseosos en la mayoría de los casos de crear nuevas
marcas destinadas a competir a buenos precios en la
exportación o a copar bajo el paraguas de vinos de la
tierra los segmentos del mercado que dejan libres los
vinos con DO. En la lista, González Byass, Faustino,
Bodegas & Bebidas, Olarra... Son, sin duda y gracias
a su gran experiencia comercial, quienes tendrán que
marcar ese camino “australiano” del que hablamos.
Pero también se han
remodelado por completo algunas cooperativas, inversores
locales han apostado firme por el vino de calidad y
varios viticultores han dado el salto a la elaboración
con excelentes resultados. Incluso personajes asociados
a vinos especialmente top como Alejandro Fernández
(Pesquera), Miguel Ángel de Gregorio (Finca Allende),
Florentino Arzuaga (Arzuaga) y, muy especialmente, los
Martínez Bujanda con Finca Antigua se han instalado en
la zona dispuestos a elaborar tintos de primer nivel.
Así que la zona ofrece cada vez más vinos de calidad.
Destacan sobre todo los tintos apoyados en la
tempranillo, tanto los jóvenes como los que han
recibido una crianza más o menos larga en madera y
aquellos en los que esta uva se combina con otras
foráneas, fundamentalmente cabernet y
merlot. La syrah también ha hecho su
aparición en la zona y aunque los ejemplos aún son
escasos parece bastante idónea para las condiciones
climáticas de la zona.
Los peligros vienen de las elaboraciones poco
cuidadas que aún se pueden encontrar en la región, de
vinos elaborados con viñas muy jóvenes y de rendimientos
excesivos en los que las notas de verdor se hace
especialmente acusadas y de un uso abusivo de la madera
en tintos que no tienen la estructura o la fuerza
suficiente para someterse a una crianza prolongada.
Pero está más que
demostrado que la zona tiene todos los ingredientes para
alumbrar vinos con carácter y personalidad. Seguro que
un buen tinto de esta “Australia española” no defraudará
al consumidor anglosajón habituado a los vinos con los
que sus hermanos de lengua del otro extremo del mundo
invaden los lineales de los supermercados. Y si
consiguen que los prueben y se convenzan de sus
virtudes, el gigante manchego no sólo estará despierto
(probablemente nunca lo ha estado tanto como ahora),
sino que se pondrá en movimiento.
GUÍA DE BODEGAS MANCHEGAS
EN SENTIDO AMPLIO Ésta es nuestra
lista de favoritas. En todos los casos se indica su
fecha de fundación y el paraguas (denominación de origen
o vinos de la tierra) al que se acogen sus vinos.
Las
“tradicionales”: Las llamamos así
para distinguirlas de las de más reciente creación,
aunque su trayectoria, en muchos casos, no es tan
dilatada.
- Bodegas Centro Españolas
(1991). Una de las primeras firmas en despuntar hacia la
calidad en los noventa. Su marca más conocida es Allozo.
(DO La Mancha).
- Casa de la Viña (1857).
Enorme finca propiedad del gigante Bodegas &
Bebidas, postrioremente en la órbita de Domecq y
actualmente de Pernod Ricard. Abandonó la denominación
para ser vino de la tierra de Castilla.
- Nuestra Señora de la Cabeza S.
Coop. (1958). Otra de las cooperativas que
funcionan bien y a buenos precios. Su marca es Casa
Gualda. (DO La Mancha).
- Vinícola de Castilla (1976).
La gran firma privada local con una gama de vinos tan
amplia que hasta despista a los expertos. Nos quedamos
con su tinto joven Castillo de Alhambra y su complejo
Señorío de Guadianeja Tempranillo Gran Reserva. (DO La
Mancha).
Las
pioneras: - Dominio de
Valdepusa (1974). Ubicada en Malpica de Tajo
(Toledo), su propietario Carlos Falcó fue pionero en
elaborar fuera de los límites de denominaciones de
origen, en trabajar con uvas foráneas y en aplicar
conceptos vinícolas y enológicos del Nuevo Mundo. (Con
DO propia Dominio de Valdepusa).
- Dehesa del Carrizal (1987).
La primera en apostar por la geografía singular de los
Montes de Toledo donde ahora cuenta con vecinos ilustres
como Alfonso Cortina con su Pago de Vallegarcía. (con DO
propia Dehesa del Carrizal).
- Manuel Manzaneque (1993). Un
proyecto personal del director de teatro manchego Manuel
Manzaneque que elabora vinos personales con importante
peso de las variedades foráneas. (con DO propia Finca
Élez).
- Uribes Madero (1995).
Proyecto singular y aislado en la Alcarria que puso de
manifiesto el potencial de otros paisajes
castellano-manchegos. Excelente calidad y regularidad de
los vinos. (VT Castilla).
Las
modernas: - Bodegas del
Muni (2001). Una de nuestras favoritas, gran
revelación y descubrimiento. Poca producción, vinos muy
cuidados y precios especialmente moderados. (VT
Castilla).
- Finca Antigua (2003). La
bodega, de espectacular arquitectura, de los riojanos
Martínez Bujanda. Las primeras etiquetas en salir al
mercado resultan muy prometedoras, en especial su
reserva. (DO La Mancha).
- Freewine (2002). La
interesante aventura manchega de un trío (el importador
de vinos españoles a USA, Jorge Ordóñez; el periodista
vinícola Víctor Rodríguez; y el bodeguero Javier Alén de
Viña Meín) que está haciendo vinos por toda España. (DO
Mancha).
- Más que Vinos Global (1999).
La bodega de un equipo de asesores vinícolas y enólogos
itinerantes. Vinos de impecable factura y buen precio
más un tinto escaso y limitado llamado La Plazuela. (VT
Castilla).
- Martúe (2000). Uno de los
vinos que “suenan” en los últimos tiempos firmado por el
enólogo Ignacio de Miguel. (VT Castilla).
- Bodegas y Viñedos La Solana
(1999). El proyecto de Arzuaga en Malagón (Ciudad Real),
en los Montes de Toledo con una acertada visión de la
cencibel local (VT Castilla).
- Bodegas Fontana (1997). Se ha
convertido en una referencia indiscutible de la zona. Lo
mismo elabora tintos de buena relación calidad-precio
que vinos con altas pretensiones (y precio) como su
recién presentado Dueto. (DO La Mancha / VT Castilla).
- Bodegas y Viñedos Barreda
(1945). Totalmente “resucitada” hace unos años. Tintos
fáciles y correctos a buen precio. (VT Castilla).
- El Vínculo (1999). La
experiencia manchega de Alejandro Fernández (Pesquera)
para conseguir otra visión de su amada
tempranillo. Con precios acordes con el
prestigio de quien firma el vino, pero sin pasarse. (DO
La Mancha).
- Finca Coronado. El primer
vino salió al mercado el año pasado. Es la aventura
personal del riojano Miguel Ángel de Gregorio en su
tierra natal. (VT Castilla).
- Montalvo Wilmot (2001).
Bodega fundada por un español y una francesa con bodega
en Burdeos. Vinos bien elaborados y apoyados en
variedades locales y foráneas. Buenos precios. (DO
Mancha).
- Pago del Vicario (2000). Gran
proyecto de empresarios locales que apuesta por tintos
de calidad, con intereses ensamblajes, variedades
atípicas en la zona y buena factura enológica. Una
bodega a tener en cuenta. (VT Castilla).
- Finca Los Aljibes (2003).
Proyecto familiar en el entorno de las 300.000 botellas,
elabora vinos modernos y muy cuidados. Su syrah se ha
merecido excelentes comentarios (VT Castilla).
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