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Se trata de un vino alegre y desenfadado, que ha conocido sólo los fríos del acero inoxidable y que de él ha pasado directamente a la botella. Se trata de un vino que, con 13%, conviene servir a 10ºC. Tiene el color del perro que le denomina, aunque con atisbos del sol madrugador con el que juguetea: amarillo pálido con reflejos verdosos. Ofrece los aromas de la hierba que rodea los viñedos al amanecer, con sus gotas de rocío y su amable frescura. Completa esa presencia una cornucopia de frutas abundantes y en sazón: sobre todo pera, pero también un poco de manzana verde y un menos de piña. Su paso por boca es muy agradable, fresco, con bastante cuerpo y presencia y con un retrogusto algo breve, pero que deja un vivo rastro de flores secas.
Su acidez y su frescura fueron un complemento ideal para un "suquet" de rape, preparado bien a la antigua: con su caldo de pescado, con bresa de verduras rehogadas previamente; con su buen sofrito de cebolla, ajo y tomate; con sus buenas patatas gruesamente cortadas; con su cola de rape de tres kg cortada para esa cocción y con su buena picada de ajo, almendras tostadas, pan y azafrán, disuelta en el propio caldo. ¿Lo mejor? El contraste entre el dulzor de la patata cocida con el rape y el caldo y el ácido frescor del frío verdejo.
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